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Villamantilla: blasones, muros recios, cuevas y tinajas

Villamantilla: blasones, muros recios, cuevas y tinajas

Es obligado mencionar las casas blasonadas del municipio.

El madrugador sol nos deslumbra y sorprende con una fuerza más habitual de otra estación del año que de la actual en la que nos encontramos. A nuestro raudo paso con el vehículo, nos saludan valles y laderas de montañas engalanadas con sus mejores trajes de múltiples colores primaverales; blanco, amarillo, rojo, violeta, azul… y, cómo no, verde. Pero no un verde cualquiera, no. Un verde nuevo, un verde que, al principio de la estación, representa más que nunca la esperanza. Y es que, si algo representa a nuestros pueblos de la Sierra Madrileña, es precisamente eso, su gran biodiversidad y muy especialmente en el enclave natural al que nos dirigimos. Hoy visitamos, Villamantilla.

Villamantilla se halla a unos 50 kilómetros de Madrid, en la cuenca del río Perales, lugar de asentamiento de romanos y visigodos, como lo demuestran los hallazgos arqueológicos de la zona. Este bello y tranquilo municipio, como tantos otros de nuestros agraciados pueblos, fue fundado probablemente por pastores segovianos allá por los siglos XII o XIII. En 1615 se separó parcialmente de Segovia al precio de más de 56.000 maravedíes, pero no fue hasta la llegada de Felipe IV cuando logró realmente su completa segregación, parece ser que a instancias de don Alonso de Lucero, quien fuese alcalde del lugar por aquellas fechas. Con el discurrir de los años, en 1833, pasó a formar parte de la provincia de Madrid, siendo en la década de los 40 y 50 del siglo XX cuando se dota al municipio del equipamiento urbano que lo modernizó.

Como de costumbre, comenzamos nuestro recorrido en las proximidades del Ayuntamiento. La Casa Consistorial, situada en la Plaza de España, fue construida en 1853 con muros de más de un metro de grosor. Llama la atención, de este edificio de dos plantas, su fachada colorida y su austera pero bonita estampa. En el piso superior se encuentra una amplia balconada con baranda de forja negra y, por encima, el eterno reloj. Es de destacar que, en el pasado, en la planta baja, se hallaba la escuela municipal.

Desde la Plaza de España podemos divisar la Casa Roja con su llamativo colorido y el torreón ochavado. El edificio fue construido a mediados del siglo pasado. Muy cerca encontramos una Fuente de Piedra del siglo XIX que merece la pena visitar y que, como en tantos otros pueblos de nuestra comunidad, nos recuerda la importancia que ha tenido siempre el agua para todos nosotros.

Pausadamente, disfrutando del aroma de las florecillas silvestres que hasta nosotros llega y de la paz que se palpa, nos dirigimos a otro enclave fundamental de Villamantilla, la Iglesia Parroquial de San Miguel Arcángel. Esta, data del siglo XVI y consiste en un bonito edificio restaurado, no hace mucho, en el que se han dejado a la vista el ladrillo y la piedra original. Sin duda, en el exterior destaca la poderosa espadaña con sus campanas de distinto tamaño. Del interior llama la atención el acogedor artesonado que cubre la nave, así como el retablo del siglo XVIII y los restos de la pintura mural del siglo XVI encontrados tras las reformas. También es de mencionar la talla policromada del Cristo del siglo XVII. Sin duda, un tesoro más de los muchos que podemos encontrar en nuestra Sierra Madrileña.

Avanzamos por la calle del General Yagüe para llegar a la coqueta Ermita de San Sebastián, levantada en el siglo XIX y rehabilitada con muros de piedra y ladrillo y cubierta de teja roja. Una pequeña espadaña, con su correspondiente campana, remata la fachada principal de un edificio que por sus características trasmite sosiego.

Desde esta ubicación no tardamos mucho en llegar a las cuevas, que en el pasado fueron bodegas y que actualmente han sido parcialmente restauradas. Como es de imaginar, en su interior se colocaban las tinajas y las cubas que almacenaban el vino a una temperatura ideal todo el año.

Es obligado mencionar las casas blasonadas del municipio, que cuentan con escudos heráldicos y que podemos encontrar a lo largo del recorrido; en la Plaza de España, en el Barrio Bajo y en la Casa del Señor. Como se puede ver, un lujo de municipio que nos sorprende en casi cada rincón.

Llega la hora de la despedida, pero no queremos hacerlo sin ir a visitar el Puente de Hierro de Villamantilla, que data del primer tercio del siglo XX, concretamente de 1931, y que cruza el río Perales. Una buena excusa para llegar a él andando desde el pueblo y disfrutar de la naturaleza en todo su esplendor.

En nuestra retina y espíritu se queda con nosotros Villamantilla, esencia misma de nuestros pueblos de la Sierra Madrileña.

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