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Moralzarzal, sendas, granito y agua

Moralzarzal, sendas, granito y agua

En pleno Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares.

El astro rey aparece somnoliento a nuestra derecha, tiñendo de un rojo claro las pocas nubes que misteriosamente parecen deshilacharse poco a poco, cual algodón de azúcar devorado por críos en alguna feria. Por delante podemos apreciar como el vehículo engulle la carretera kilómetro a kilómetro dejando a nuestra espalda la gran ciudad y acercándonos raudos a nuestra imponente y magnífica Sierra Madrileña.

Tras casi 50 kilómetros llegamos a nuestro destino, en pleno Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, en el valle del río Guadarrama y a los pies de nuestra Sierra. Hoy hemos venido a visitar, Moralzarzal.

Estamos en un municipio que, como tantos otros de Madrid, fue repoblado por pastores segovianos tras la Reconquista. Parece ser que, en sus inicios, el nombre del pueblo fue Fuente del Moral y que existía otro núcleo urbano próximo denominado Zarzal. Con el paso del tiempo ambos se fusionaron y de ahí el nombre actual de Moralzarzal. Como tantos de la zona, el lugar aparece nombrado en el Libro de la Montería, escrito en el siglo XIV durante el reinado de Alfonso XI, Rey de Castilla y León. No obstante, no fue hasta el reinado de Felipe IV, concretamente en el año 1636, cuando el municipio se convirtió en villa al separarse del Real del Manzanares. Como dato a destacar hay que mencionar que, al encontrarse Moralzarzal en zona granítica, muchos de sus habitantes se dedicaron a extraer dicha piedra de las canteras que existían, siendo ésta, además de la ganadería, una de las principales fuentes de ingresos del municipio.

Aparcamos, como de costumbre, en las proximidades del Ayuntamiento, centro neurálgico de este encantador municipio. El consistorio se encuentra en la plaza de la Constitución perfectamente integrado con el resto de los edificios adyacentes. La fachada está realizada a base de piedra de granito irregular, destacando sobre el conjunto la torre del reloj. En el año 1886, Salvador Sánchez Frascuelo, matador de toros, donó al pueblo el reloj, razón de la denominación popular que ostenta de Frascuelo. La plaza en sí es una perfecta simbiosis entre el pasado y el presente, de ahí que podamos encontrar una moderna fuente cuyos chorros de agua surgen del suelo y, un poco más allá, una fuente cuyo año grabado en el granito es el de 1888.

Dirigimos nuestros pasos hacia la calle de la Iglesia, disfrutando del sol que ya se encuentra alto y dejándonos embriagar del dulce néctar de las florecillas silvestres que la ligera brisa trae hasta nosotros. Llegamos, así, a la Iglesia de San Miguel Arcángel, una bonita construcción en granito con tejados de teja roja y torre con campanario, que fue levantada a finales del S. XVI principios del XVII, pero restaurada magistralmente no hace mucho tiempo. Sin duda, su jardincillo frontal invita a la meditación y al recogimiento. En su interior destaca la pila bautismal del Siglo XVI.

Salimos de la iglesia para, a nuestra derecha y a poca distancia, llegar a otro punto de obligada visita, la Fuente de los Cuatro Caños. En realidad, se trata de dos fuentes, una del año 1885 y la otra de 1817, como rezan sus respectivas inscripciones sobre el duro y sempiterno granito. Sin duda, vestigio impertérrito de la importancia de ambos en nuestra comunidad; el granito y el agua.

El tiempo pasa y debemos avanzar. Dirigimos, pues, nuestro rumbo hacia otro lugar que no se debe dejar de visitar, el Parque de la Tejera, situado a no mucha distancia de donde nos encontramos. Se trata de un lugar que se halla al mismo pie de la montaña y que cuenta con merenderos, zonas infantiles, múltiple vegetación y, además, con una curiosa y coqueta construcción, concretamente la Ermita de San Cristóbal. Este es un edificio relativamente moderno pero que no pasa desapercibido para el visitante.

Llega el momento de regresar a la gran ciudad y lo hacemos desandando el camino recorrido, entre edificios de granito y como fondo perfecto nuestra sierra de Guadarrama. Nos dejamos en el tintero muchas cosas que ver y hacer aquí, somos conscientes de ello. Sin embargo, no queremos dejar pasar la ocasión y recomendar a aquellos amantes del senderismo la subida al monte Matarrubia en cuya cumbre se encuentra el antiguo poste de telégrafo. Múltiples rutas y senderos salen de este bello y tranquilo municipio, perfecta expresión de nuestros muchos y variados pueblos de la Sierra Madrileña.

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