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Sierra Oeste: donde la historia dejó huella

Sierra Oeste: donde la historia dejó huella
  • El Centro de Innovación Turística de la Sierra Oeste de Madrid pone en marcha, dentro de su Agenda de Actividades, una exposición itinerante por los municipios del territorio.

El Centro de Innovación Turística de la Sierra Oeste de Madrid, a través de una subvención de la Dirección General de Turismo y Hostelería de la Comunidad de Madrid, pone en marcha una Exposición Itinerante sobre la Batalla de Brunete en el marco de la Guerra Civil Española, que recorrerá los municipios de la Comarca. La exposición arranca en la Casa de Cultura de Villamantilla el día 26 de diciembre, para desplazarse a continuación al Centro de Interpretación de la Mujer en la Guerra Civil de Navalagamella, Colmenar del Arroyo y Valdemorillo entre otros municipios.

La exposición itinerante en los municipios de la Sierra Oeste de Madrid se justifica por la relevancia histórica de un territorio que fue escenario directo de la Batalla de Brunete. Llevar la muestra a estos pueblos permite contextualizar los hechos en el propio espacio donde tuvieron lugar, poniendo en valor su patrimonio y su papel en la historia contemporánea.

El carácter itinerante facilita además el acceso al conocimiento histórico en el ámbito local, acercando la cultura a distintos municipios y fomentando una comprensión serena y rigurosa del pasado, desde una perspectiva divulgativa y respetuosa.

El itinerario comarcal de la exposición se puede consultar en www.turismosierraoeste.es” Entre el 6 y el 26 de julio de 1937, la Sierra Oeste de Madrid fue escenario de una de las batallas más cruentas y estratégicas de la Guerra Civil Española: la Batalla de Brunete. A lo largo de tres intensas semanas, miles de combatientes lucharon por el control del frente occidental de Madrid, dejando tras de sí un rastro de historia, memoria y silencio.

Hoy, más de ocho décadas después, esos paisajes aún conservan fortines, trincheras, nidos de ametralladoras, búnkeres y refugios que permiten reconstruir aquel episodio desde el terreno. Caminar por estas rutas no es solo adentrarse en la naturaleza madrileña, sino recorrer un libro abierto de nuestra historia reciente.

Este reportaje recoge varias rutas temáticas para visitar vestigios de la Batalla de Brunete en municipios como Navalagamella, Quijorna, Colmenar del Arroyo, Valdemorillo o Fresnedillas de la

Oliva, entre otros. Cada itinerario está acompañado de explicaciones históricas que permiten descubrir -a pie, en bici o en familia-, un patrimonio que no solo pertenece al pasado, sino también a nuestra conciencia colectiva.

Descubre un territorio donde la historia dejó huellas visibles. Camina por las posiciones que decidieron una batalla, explora fortines ocultos entre pinares y comprende el pasado en un entorno natural único. La Sierra Oeste te invita a interpretar la historia desde el propio territorio donde ocurrió.

Vive la historia en el lugar donde ocurrió

La Sierra Oeste de Madrid es un paisaje de encinas, valles y colinas donde la historia dejó marcas profundas. Bajo sus pinares, en lo alto de sus cerros y en los caminos que unen a sus pueblos, permanecen silenciosos los restos de uno de los episodios decisivos de la Guerra Civil Española: la Batalla de Brunete y sus movimientos asociados en toda la comarca.

Aquí convivieron tropas, civiles, hospitales de campaña, posiciones defensivas, líneas de avance y retirada. Aún hoy permanecen fortines, nidos de ametralladora, trincheras, puestos de mando y refugios excavados en la roca. No son ruinas. Son testigos.

Durante décadas, este patrimonio permaneció disperso, sin identificación clara y sin un relato común. Sin embargo, forma parte de la memoria colectiva del territorio y constituye un recurso cultural de enorme valor.

El proyecto “Turismo histórico bélico de la Sierra Oeste de Madrid” nace con un propósito: ordenar, interpretar y dar a conocer este legado de forma rigurosa, respetuosa y accesible, transformándolo en un producto turístico de calidad que refuerce la cohesión comarcal y dinamice la economía local.

No se trata solo de visitar fortines. Se trata de comprender la historia en el propio territorio donde ocurrió: caminar por las mismas sendas que recorrieron los soldados, observar cómo el paisaje condicionó las operaciones, imaginar el silencio quebrado por los combates, y escuchar las pequeñas historias que permanecen en la memoria de las familias y los pueblos.

Este proyecto convierte la Sierra Oeste en un destino cultural singular, comparable a rutas europeas consolidadas de memoria y patrimonio, pero con una identidad propia: la mezcla única de naturaleza, pueblos vivos e historia reciente.

El resultado es un territorio más cohesionado, más conocido y más orgulloso de su patrimonio. Una Sierra Oeste que se presenta al visitante con un mensaje claro: “Aquí la historia no está en los libros: está en el paisaje.”

Contexto histórico

En el verano de 1937, la Guerra Civil Española llevaba un año de contienda. El frente de Madrid estaba estabilizado y el Gobierno republicano buscaba aliviar la presión sobre la capital abriendo una ofensiva en el oeste de la provincia. Así nació la Batalla de Brunete, cuyo objetivo era distraer a las fuerzas sublevadas del frente del Norte y recuperar la iniciativa militar.

El escenario principal se situó en los municipios madrileños de Brunete, Villanueva de la Cañada, Quijorna y Villanueva del Pardillo, en el límite oriental de lo que hoy conocemos como Sierra Oeste de Madrid.

Aunque el núcleo del combate se concentró en esa franja, la huella del conflicto alcanzó al conjunto de la comarca, cuyos caminos, dehesas y colinas fueron testigos del paso constante de tropas, convoyes y heridos de ambos bandos.

El relieve de la Sierra Oeste, con sus vaguadas, encinares y cauces secos, ofrecía tanto refugio como dificultad. Sus caminos rurales, que conectaban pequeños pueblos agrícolas, se convirtieron en improvisadas rutas de suministro. La comarca fue esencial como retaguardia médica y logística, donde se instalaron hospitales de campaña, depósitos de víveres y puestos de mando.

A medida que avanzaba julio de 1937, el eco de los cañones resonaba desde Brunete hasta los valles de Navalagamella, Colmenar del Arroyo, Fresnedillas de la Oliva y Chapinería, donde los vecinos observaban las columnas de humo en el horizonte. Muchos habitantes fueron evacuados; otros permanecieron ocultos en cuevas o refugios, ayudando en silencio a los heridos o proporcionando agua a los soldados exhaustos.

La batalla convirtió el suroeste madrileño en una línea viva del frente, una frontera efímera entre dos Españas que combatían no solo por el territorio, sino por el futuro del país. Hoy, aquellos mismos campos de la Sierra Oeste conservan cicatrices invisibles: trincheras cubiertas por la hierba, cráteres de artillería y la memoria de una contienda que transformó para siempre el paisaje y la vida de sus gentes.

 

La Sierra Oeste y su papel estratégico

Durante el mes de julio de 1937, los caminos y pueblos de la Sierra Oeste se convirtieron en ejes logísticos y de apoyo para ambos bandos. Tropas republicanas y nacionales cruzaron sus carreteras y serranías buscando refuerzos, agua o refugio. Los municipios de Aldea del Fresno, Cadalso de los Vidrios, Cenicientos, Chapinería, Colmenar del Arroyo, Fresnedillas de la Oliva, Navas del Rey, Pelayos de la Presa, Robledo de Chavela, Rozas de Puerto Real, San Martín de Valdeiglesias, Valdemaqueda, Villa del Prado, Villamanta, Villamantilla, Villanueva de Perales, Zarzalejo, Navalagamella y Santa María de la Alameda fueron testigos del paso de columnas militares y del eco lejano de los combates.

Esta red de pueblos, aunque algunos alejados del frente directo, sufrió el impacto logístico y humano de la guerra. La Sierra Oeste de Madrid fue un corredor militar vital, tanto para el abastecimiento republicano desde el suroeste como para las maniobras nacionales desde Ávila y Toledo.

Uno de los lugares más sobrecogedores es el Puesto de los Degollados, situado en el camino que une Navalagamella con Fresnedillas de la Oliva. Allí, entre encinas y granito, se conservan posiciones avanzadas del ejército republicano: nidos de ametralladora, refugios excavados en roca y largas trincheras en zigzag. Su nombre, nacido del horror de los combates cuerpo a cuerpo, recuerda la crudeza de la batalla y el sacrificio de quienes defendieron aquel frente a orillas del río Perales.

Muy cerca, sobre un promontorio al suroeste del pueblo, se encuentra el Campamento de La Peña, declarado Bien de Interés Cultural en 2024. Es uno de los conjuntos militares mejor preservados de toda la Comunidad de Madrid. Este campamento muestra cómo vivían los soldados en primera línea: galerías excavadas, abrigos semicubiertos, hornillos de campaña y puestos de observación orientados hacia Valdemorillo. El lugar mantiene intacta la sensación de aislamiento, rodeado por un paisaje que mezcla silencio y memoria.

En el extremo occidental de la comarca, el Blockhaus 13 de Colmenar del Arroyo representa el otro lado de la guerra. Construido por el bando nacional en 1938-1939, es una fortificación circular de hormigón armado, con troneras en todas direcciones y pasillos internos perfectamente diseñados para la defensa. Su estado de conservación lo convierte en un referente arquitectónico de la ingeniería militar de la época y en parada obligada para comprender la reorganización de los frentes tras Brunete.

Finalmente, las posiciones de Quijorna y Valdemorillo completan el entramado del frente occidental. En Quijorna se dispersan casamatas y trincheras que vigilaban el acceso hacia Brunete y Villaviciosa de Odón; en Valdemorillo, los nidos de ametralladora del entorno del río Perales formaban una segunda línea defensiva con vistas privilegiadas sobre el valle. Entre ambas localidades se libraron combates duros y se consolidaron las fortificaciones que, aún hoy, asoman entre los jarales y el granito.

La ofensiva republicana (6–10 julio 1937)

El 6 de julio de 1937, las fuerzas republicanas iniciaron su ofensiva en el frente de Madrid con un ataque sorpresa sobre Brunete, apoyado por unidades de tanques soviéticos T-26, aviación republicana y brigadas internacionales. En apenas 48 horas lograron ocupar Brunete, Villanueva de la Cañada y Quijorna, infligiendo fuertes pérdidas a las tropas nacionales.

El terreno de la Sierra Oeste de Madrid, cubierto de encinas, viñedos y colinas, resultó un desafío para los blindados. Las altas temperaturas, que superaban los 40 grados, y la falta de agua agravaron el sufrimiento de los combatientes. El polvo levantado por los tanques y los bombardeos dificultaba la visibilidad y hacía casi imposible mantener el suministro de munición y alimentos.

En los alrededores de Villanueva del Pardillo y Villafranca del Castillo se libró una de las primeras batallas de tanques entre soviéticos y alemanes en Europa, con enfrentamientos directos entre los T-26 republicanos y los ligeros Panzer I alemanes suministrados al bando sublevado. Este episodio convirtió Brunete en un laboratorio bélico donde se ensayaron tácticas que, pocos años después, serían comunes en la Segunda Guerra Mundial.

Durante estos días iniciales, las tropas republicanas avanzaron desde las posiciones de Navalagamella, Colmenar del Arroyo y Fresnedillas de la Oliva, empleando los caminos de la Sierra Oeste como rutas de abastecimiento. Los habitantes de la zona vieron pasar columnas de camiones, ambulancias improvisadas y brigadistas internacionales que hablaban en múltiples idiomas, reflejo del carácter internacional de aquella guerra.

El contraataque nacional (18–25 julio 1937)

Tras el avance inicial republicano, el 18 de julio comenzó el contraataque nacional, dirigido por los generales José Enrique Varela y Fernando Barrón Ortiz. Las fuerzas sublevadas reorganizaron sus divisiones, reforzadas con tropas moras, legionarios y unidades alemanas e italianas. La Legión Cóndor bombardeó sistemáticamente las posiciones republicanas en Brunete y Villanueva de la Cañada, mientras la aviación italiana castigaba las líneas de suministro.

El dominio aéreo nacional se hizo absoluto. Los cazas republicanos no pudieron competir con los aparatos alemanes Heinkel y Junkers, que sembraron de fuego los pueblos de la comarca. Las carreteras de Navalagamella, Quijorna y Valdemorillo se convirtieron en corredores mortales, repletos de vehículos destruidos y cadáveres.

En tierra, los nacionales lanzaron un asalto sostenido sobre los sectores de Villanueva del Pardillo y el arroyo de los Majuelos, mientras desde la Sierra Oeste se organizaban columnas de apoyo logístico. Los combates cuerpo a cuerpo, entre olivares y ruinas, duraron días. El calor asfixiante, la escasez de agua y los incendios provocados por los bombardeos hicieron que la batalla se transformara en un infierno.

El frente se desplazaba apenas unos cientos de metros cada jornada, pero el coste humano era inmenso. Brunete quedó prácticamente arrasado, con edificios reducidos a escombros. El aire estaba saturado de humo, polvo y metralla. Desde pueblos como Chapinería o Navas del Rey, muchos vecinos podían ver las columnas de fuego y oír el retumbar de la artillería día y noche.

El desenlace y la devastación

El 25 de julio de 1937, exhaustas y sin refuerzos, las tropas republicanas se retiraron a sus posiciones iniciales. El objetivo de aliviar la presión sobre Madrid no se consiguió. Brunete, símbolo del esfuerzo republicano, quedó reducido a ruinas. El balance final fue trágico: más de 35.000 bajas entre ambos bandos, miles de heridos y prisioneros, y un paisaje completamente devastado.

La retirada republicana fue desordenada. Los tanques dañados quedaron abandonados en los caminos, mientras las ambulancias improvisadas evacuaban a los heridos hacia los hospitales de Fresnedillas de la Oliva, Navalagamella y Colmenar del Arroyo. Los pueblos de la Sierra Oeste se convirtieron en retaguardia médica y humanitaria, acogiendo a civiles desplazados, enfermeras, periodistas y soldados que huían del frente.

Los testimonios de los habitantes relatan una escena de horror y desolación: casas incendiadas, pozos contaminados, animales muertos y cuerpos sin enterrar. En Brunete, la iglesia y el cementerio quedaron destruidos; en Quijorna, la población fue evacuada casi por completo; en Navalagamella, aún se conservan restos del campamento de la Peña, declarado Bien de Interés Cultural (BIC), que sirvió como cuartel de mando durante la batalla.

La derrota republicana no trajo calma. Durante semanas, las unidades nacionales rastrearon la zona en busca de prisioneros y material enemigo, mientras la Sierra Oeste trataba de recuperarse del trauma. La población civil, agotada, se enfrentó al hambre y a la reconstrucción en medio del silencio impuesto por la guerra.

Memoria y patrimonio histórico de la Sierra Oeste

Aunque la Batalla de Brunete fue una victoria táctica nacional, ambos bandos pagaron un precio altísimo. La ofensiva marcó un punto de inflexión en la guerra y dejó una huella indeleble en la Sierra Oeste de Madrid, donde todavía hoy se conservan vestigios del conflicto.

Entre sus colinas, valles y caminos rurales, permanecen trincheras, búnkeres, refugios, observatorios y puestos de mando, algunos restaurados y señalizados. Destacan el Campamento de la Peña (Navalagamella), los búnkeres de Colmenar del Arroyo y Fresnedillas de la Oliva, las posiciones de Quijorna y Valdemorillo, y el Puesto de Degollados, en el camino entre Fresnedillas y Navalagamella, uno de los mejor conservados del frente.

Juntos, el Puesto de los Degollados, el Campamento de La Peña, el Blockhaus 13 de Colmenar y las posiciones de Quijorna y Valdemorillo conforman un auténtico museo al aire libre de la Guerra Civil en la Sierra Oeste, un territorio donde la historia permanece grabada en la tierra y en la piedra.

La Sierra Oeste, más allá de los combates, fue testigo del tránsito de tropas, el sufrimiento civil y la resistencia silenciosa de sus pueblos.

Hoy, asociaciones locales y ayuntamientos impulsan rutas de memoria y proyectos educativos que buscan preservar y difundir este legado. Esta exposición, promovida por la Mancomunidad de Municipios de la Sierra Oeste de Madrid, rinde homenaje a una comarca que fue frontera, refugio y testigo de uno de los episodios más duros de la historia contemporánea de España. 

 

General Vicente Rojo Lluch (República)
Jefe del Estado Mayor del Ejército republicano. Planificó la ofensiva con precisión técnica. Su objetivo era aliviar la presión sobre Madrid. Considerado uno de los mejores estrategas de la República.
Su estrategia buscó aprovechar los caminos y elevaciones de la Sierra Oeste para avanzar con rapidez, aunque la logística se volvió insostenible por la falta de agua y el calor. Rojo representó la capacidad técnica y militar de la República frente a un enemigo con superioridad material.

Teniente Coronel Enrique Líster (República)
Comandante de la XI División. Dirigió el asalto inicial sobre Brunete con gran disciplina. Su unidad sufrió enormes bajas, pero logró los mayores avances republicanos.
Desde posiciones cercanas a Navalagamella y Villanueva de la Cañada, lideró ataques con tanques soviéticos y brigadas internacionales. Líster simbolizó la resistencia organizada del Ejército Popular en la Sierra Oeste, pese a las duras condiciones del terreno y las pérdidas humanas.

Gerda Taro (República)
Fotógrafa alemana que cubrió la batalla con el sobrenombre de Robert Capa.
Murió en Brunete el 26 de julio de 1937, convirtiéndose en la primera fotoperiodista muerta en combate. Símbolo del compromiso internacional con la causa republicana. Gerda y su pareja el fotografo húngaro Endre Ernő Friedmann, adoptaron el alias de Robert Capa para vender sus fotografías de guerra a la prensa europea, sus carreras como fotoperiodistas bélicos se inició en España, durante la Guerra Civil. Tras muerte de Gerda, Endré continuó firmado como Robert Capa sus fotos en otros conflictos bélicos hasta que murió en la Guerra de Indochina (Vietnam) en 1954.
Las imágenes de Gerda Taro captaron la vida en los pueblos de la Sierra Oeste antes y después de la ofensiva: columnas de soldados cruzando los caminos de Chapinería, mujeres refugiadas en Navas del Rey o niños observando los convoyes desde los olivares. Su legado trascendió la guerra y dio voz a los civiles atrapados en ella.

 

 

General José Enrique Varela (Nacional)
Dirigió el contraataque nacional. Coordinó las unidades moras y la Legión. Su estrategia, apoyada en la aviación, fue clave para recuperar Brunete.
Desde Valdemorillo y Navalagamella organizó sus líneas de defensa. La topografía de la Sierra Oeste, con sus valles y encinares, le permitió maniobrar con ventaja. Su actuación consolidó su prestigio como uno de los mandos más eficaces del Ejército Nacional.

General Fernando Barrón Ortiz (Nacional)
Comandante de la 13.ª División del Ejército Nacional. Tuvo un papel decisivo en el contraataque y la recuperación de Brunete. Su unidad soportó los combates más duros en torno a Villanueva del Pardillo y Quijorna, contribuyendo al éxito de la ofensiva franquista.
Dirigió los Panzer I alemanes en enfrentamientos directos con los T-26 soviéticos, en lo que se considera la primera gran batalla de tanques de la Península Ibérica. Sus operaciones fueron esenciales para asegurar la comunicación entre los pueblos de la Sierra Oeste y el frente de Madrid.

Joaquín García-Morato (Nacional)
Piloto destacado de la aviación nacional y líder de la patrulla “Morato”.
Participó activamente en los combates aéreos sobre Brunete, logrando derribos que consolidaron la superioridad aérea de su bando.
Sus misiones sobre los cielos de la Sierra Oeste atacaron columnas de abastecimiento republicanas y posiciones fortificadas. Los vecinos de pueblos como Zarzalejo y Robledo de Chavela recuerdan el paso de los aviones y los combates aéreos que marcaron aquellos días de julio.

 

 

 

 

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