Bipartidismo o multipartidismo
Desde la Transición, cuando se implementó por complejo o buenas intenciones, la Ley D’Hondt, se estableció una gran falacia, hoy lo llamaríamos bulo, que es la maldad del bipartidismo. Un bipartidismo que jamás ha existido en puridad en España, por cuanto los gobiernos (salvo las mayorías absolutas, y tampoco) han estado coaccionados por partidos minoritario de corte nacionalista o separatista, como el PNV o la extinta CiU. Recuerden los pactos de González o Aznar (con Abascal en sus filas calladito).
Sumado a esto, desde los medios de comunicación y la política, se le ha dicho al ciudadano que las mayorías absolutas son malas. Es decir, se ha estado favoreciendo gobiernos débiles, en donde las minorías chantajean a las mayorías. Algo similar sucede en Bélgica, que es una jaula de grillos similar a España. El ejemplo extremo contrario sería Estados Unidos, en donde el ganador, sea demócrata o republicano, se lo lleva todo y puede ejecutar su programa de gobierno, aunque condicionado por las elecciones de mitad de mandato, como hoy le sucede al republicano Trump.
Que el ganador electoral no pueda llevar a cabo su programa electoral lleva a la frustración de los ciudadanos y a la desafección hacia la política. Política que en España ha sido sustituida por el politiqueo y tertulias del nivel de RTVE. ¡Ahí está Santaolalla como “analista política” sin distinguir Estado de Gobierno!
Todo esto es responsabilidad de los partidos, que son los primeros que han interiorizado el bulo.
Este mantra falaz, que urge desmontar, se encuentra inserto en las mentes de los ciudadanos. Pero España no se encontraría en la situación en la que está si se hubiera apostado por gobiernos fuertes. Porque eso es la democracia. Gobierno de las mayorías (con respeto a las minorías) y alternancia en el poder.

