Arde Madrid
Hoy no puedo evitar las lágrimas. Lágrimas de tristeza ante tanta devastación provocada por el voraz fuego que arrasa mis queridos pueblos de la Sierra Oeste de Madrid. Comprendo la emoción que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha sentido al dirigirse a la prensa, para hacer balance de la situación, en esta terrible mañana del viernes 24 de julio, un día para no olvidar. Y, así, intentando que no se le quebrara la voz, la presidenta ha afirmado que se trata del peor incendio de la historia de la Comunidad de Madrid.
Ahora, lo más importante es salvar vidas. En esto ha insistido Díaz Ayuso una y otra vez durante su comparecencia ante los medios de comunicación. Hasta las 13.00 horas, habían ardido 6.000 hectáreas de monte y se habían evacuado a 19.000 personas -cuatro municipios evacuados, algo nunca antes vivido-. Se está haciendo seguimiento de 1.200 personas mayores al haberse tenido que desalojar residencias de mayores en Aldea del Fresno, San Martín de Valdeiglesias y Pelayos de la Presa. Ayuso señalaba que se han cerrado algunos centros de salud, pero se ha reforzado el servicio de atención en hospitales. También se está tratando de cuidar a los animales y al ganado. Y los servicios de extinción de incendios y de emergencias trabajan sin descanso.
Para quienes vivimos y sentimos los pueblos, porque a ellos nos lleva nuestra profesión y nuestra vocación, resulta doloroso en extremo, ver cómo quedan devastados tras el paso de las llamas. Conocemos a algunas familias que han construido sus hogares con el esfuerzo de toda una vida, y ahora los verán reducidos a cecinas junto a sus recuerdos y sus sueños. También negocios familiares de varias generaciones que son emblemas de sus pueblos o aquellos otros que habían logrado subir la persiana recientemente tras muchísimo esfuerzo. A ver en qué circunstancias los encuentran.
También me resulta difícil contener las lágrimas ante tanta solidaridad y tanto arrojo de vecinos y alcaldes. Estos alcaldes y alcaldesas de la Sierra Oeste están siendo un ejemplo de entrega infinita a sus vecinos. Y los ciudadanos, una vez más, vuelven a estar a la altura de las circunstancias, y con gran generosidad se han volcado con los afectados, sin reparar, siquiera, que ellos mismos podrían ser los siguientes evacuados o confinados. También para todos esos alcaldes y servidores públicos, ha tenido la presidenta madrileña palabras de reconocimiento, cariño y aliento.
Pero si algo nos han enseñado las catástrofes a lo largo de la historia, es que tienen la capacidad de sacar lo mejor y lo peor del ser humano. Por desgracia, lo estamos constatando en España con demasiada frecuencia en los últimos tiempos.
Y si me hoy me resulta complicado controlar la emoción al ver tanta solidaridad voluntaria, en la otra cara de la moneda, qué difícil me está resultando contener las nauseas ante quienes tratan de sacar rédito político de las desgracias ajenas. Aquellos mismos que exhortaban a no culpabilizar ni a sacar conclusiones tras el terrible accidente de trenes en Adamuz porque ya habría tiempo más adelante para tales cuestiones, aprovechan ahora, desde el minuto uno para arremeter contra Ayuso. ¡Cómo no!
Y como no podía ser de otra manera, en un momento tan complicado, con tanto dolor para miles de madrileños, tenía que saltar a escena el ministro matón, Óscar Puente. Hay que tener muy poca vergüenza y cero escrúpulos para dedicarse al “matonismo” y al insulto en un momento así. No voy a reproducir sus mensajes en X porque no quiero darle ese gusto. Visto lo visto, convertirse en trending topic vinculado al hashtag #Sinvergüenza a él, lejos de molestarle, le debe molar bastante. Claro que para estos menesteres y no para trabajar, le colocó Sánchez en el Gobierno.
Madrid sufre el peor incendio de su historia. Nuestra preciosa Sierra Oeste arde como una antorcha. Montes de pinos centenarios, fauna y ganado se abrasan. Miles de madrileños viven estas horas con angustia y desesperación. No saben cuando podrán volver a sus casas ni qué encontrarán a su regreso. Merecen toda solidaridad y cariño. Y sobre todo, respeto. Ayuso ya se ha comprometido a bridarles una línea especial de ayudas. A esto es lo que hay que estar ahora.
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